Roma

El espacio cultural romano: la urbe y el orbe

Los orígenes de Roma

La sociedad romana

El ejército, base del poder de Roma

La organización política de la República

La lucha por la igualdad de derechos

La expansión romana

La crisis de la República

El Imperio Romano

 

El espacio cultural romano: la urbe y el orbe

 

La formación del espacio cultural romano se produjo en forma de círculos concéntricos, a partir de un núcleo primitivo formado por la ciudad. Esta fórmula de expansión no fue original de los romanos, sino que había sido previamente practicada por los grandes imperios orientales. Roma ofrece, en cambio, una característica singular: la fijeza e inamovilidad del centro. La ciudad permanece, se la supone, eterna; se apropia del significado de una voz genérica (urbe) para darse nombre a sí misma. Podrá haber otras ciudades, pero Roma es la ciudad, el centro de gravedad de la vida del mundo.

Con el incremento de las conquistas, el espacio romano se extiende primero a Italia, después al Mediterráneo occidental y, posteriormente, al Mediterráneo oriental. A todas estas áreas llegará una imagen de la ciudad como rectora del mundo, creadora de un orden definitivo y otorgadora del derecho de ciudadanía. El Imperio es así una ampliación de la ciudad, un desdoblamiento de Roma.

El romano, una vez que las conquistas han alcanzado sus fronteras definitivas, tiene la impresión de que el mundo es Roma y de pueblos exteriores al Imperio carecen auténtica civilización, son bárbaros. Por otra parte, la enorme extensión de las conquistas posibilita una autonomía casi total, y las redes comerciales, entre una y otra provincia ayudan a trasladar productos a las área deficitaria. Todo ello contribuye a crear la un espacio cerrado y autónomo: el orbe romano.

El espacio cultural romano, uno de los más uniformes que se conocen, se compone, pues, de dos nociones complementarias: la ciudad y el mundo, la urbe y el orbe, como rezan inscripciones y fórmulas jurídicas de la época. Los propios emperadores dirigen sus edictos "urbi et orbi", a la ciudad y al resto del mundo.

Esta síntesis explicativa de lo que constituyó el espacio cultura¡ romano, no significa subvalorar los particularismos existentes en cada una de las regiones. El Imperio actuó como superestructura uniformante, pero no destruyó las peculiaridades de egipcios, griegos, judíos, sirios, númidas, iberos, galos. En el momento en que empezó a construirse el Imperio Romano, el Mediterráneo era ya un crisol de culturas, y Roma fue la heredera de valiosos aportes. Roma supo acoger en su seno toda una larga historia de progresos y, lo que es más importante, los universalizará.

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Los orígenes de Roma

Para explicar el origen de su ciudad, los romanos apelaron a la leyenda. Atribuyeron su fundación a Rómulo, en el año 753 a. C. Históricamente,, Roma es una ciudad etrusca. Hacia el siglo VIII, en la región del Lacio -en la Italia central-, sus pobladores de origen indoeuropeo, los latinos, habían establecido varios poblados en la comarca conocida como las Siete Colinas, próxima a la desembocadura del río Tíber. Su posición estratégica en el paso del río, obligó a los etruscos a conquistar esas aldeas reunidas en una Liga y crearon con ellas la ciudad de Roma, a la que rodearon de una muralla. La dominación etrusca impuso entre los años 616 y 509 a. C.

Durante este período, Roma fue gobernada por reyes etruscos, cuyos nombres conocemos: Tarquino el Mayor, Servio Tulio y Tarquino el Soberbio, los que, según la tradición, enlazaban con los orígenes de la ciudad. Durante este período, la ciudad estableció su primacía sobre el Lacio, se saneó y urbanizó. En su administración política, junto a la figura del rey aparece el Senado, una asamblea constituida por trescientos miembros elegidos por el rey entre los jefes de las familias o gens.

Tenía, pues, un carácter aristocrático. Asesoraba al rey e intervenía con fuerza en los asuntos graves del gobierno. Junto a él existían asambleas populares, llamadas comicios, divididas en grupos o curias, de donde les viene el nombre de Comicios curiados. Los comicios sancionaban las medidas adoptadas por el rey y el Senado. Los latinos terminaron por rebelarse antela dominación etrusca y, el año 509, destronaron al último rey, Tarquino el Soberbio. A partir entonces, se adoptó en Roma la República como forma de gobierno.

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La sociedad romana

  • Libres y esclavos

La sociedad roma estuvo dividida en dos grandes clases -hombres libres y esclavos-, división reconocidas por la legislación y que se reflejaba en lo derechos y deberes sociales de cada uno grupos. Sólo los hombres libres, es decir, los ciudadanos, tenían derecho a participar en a vida pública y política de la República. Los esclavos podían comprarse, venderse, cederse o legar se en testamento. Sus dueños podían disponer libremente de su vida y de su trabajo.

Esclavos
  • Patricios y plebeyos

Los primeros ciudadanos de pleno derecho fueron los patricios que, en tiempos de la monarquía, se arrogaron el privilegio exclusivo de intervenir en las tareas del gobierno. A medida que Roma fue creciendo, los ciudadanos no vinculados directamente a la nobleza -los plebeyos-, empezaron a exigir la igualdad política y, por consiguiente, la participación en la administración de la ciudad.

  • La familia y la vida doméstica

La familia constituía en Roma la unidad fundamental sobre la que se basaba toda la organización social. Se trataba de una familia de tipo patriarcal en la que el pater familias ejercía su autoridad sobre todos los miembros, que no eran sólo la esposa y los hijos, sino también las esposas de éstos y los clavos. La pertenencia a una familia era lo que determinaba los derechos civiles de cada ciudadano y condicionaba su carrera política.

La familia se hallaba unida por los vínculos de la religión familiar, en la que participaban también los esclavos. Así, la religión familiar, basada en el culto a los muertos, constituía un elemento de cohesión fundamental para la vida de la familia romana y de la sociedad romana tradicional. Todas las casas poseían su hogar sagrado en que se rendía culto a los antepasados; el jefe de familia ejercía las funciones sacerdotales. En el hogar se veneraba especialmente a los lares, dioses protectores de la casa -a los que se rendía culto con ofrendas, sacrificios y oraciones- y a los penates que protegían las provisiones de la familia.

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El ejército, base del poder de Roma

Un instrumento valiosísimo, tanto en las campañas de conquista romanas como en el posterior proceso de romanización, fue el ejército. La organización militar romana estaba muy ligada a la vida ciudadana. En un primer momento, sólo los ciudadanos acomodados podían servir en el ejército, ya que el Estado no pagaba soldados ni armamento. Más tarde, los legionarios no se reclutaron según sus bienes. Ser soldado se convirtió en una nueva profesión: el soldado recibía su paga, participaba en el botín de guerra y, al terminar el servicio militar, -que duraba unos veinte años- recibía tierras del Estado.

Los cónsules ejercían el mando supremo del ejército. Los comandantes de las legiones eran los "legati". La más amplia unidad militar era la legión, que se componía de diez cohortes; cada cohorte, de tres manípulos; el manípulo, de dos centurias, y cada centuria estaba integrada por sesenta hombres, aunque este número variaba según las épocas. Como armas defensivas, los legionarios utilizaban la coraza, el escudo y el casco. Y, como armas ofensivas, el venablo, la espada de doble filo y la lanza.

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La organización política de la República

  • El Senado, la institución más importante

El Senado republicano fue la evolución del antiguo Consejo de ancianos. Era una corporación política integrada originalmente por los jefes de las familias distinguidas, pater, a quienes se unieron más tarde representantes de los plebeyos, con el nombre de conscripti. De ahí la denominación de "pater conscripti" con que se interpelaba a sus miembros. Era condición necesaria para ser senador el haber desempeñado algún cargo en la magistratura y tener, por lo menos, treinta años. Las reuniones del Senado se realizaban a Puerta abierta; el Pueblo Podía seguir desde fuera su desarrollo.

Eran tareas de la incumbencia del Senado: la determinación de los actos de culto; la administración financiera; la inspección de los magistrados; las relaciones internacionales: el adoptar las disposiciones necesarias en caso de guerra y administrar las provincias. La misión fundamental del Senado consistía en mantener una política uniforme y estable frente a un gobierno que cambiaba todos los años. Su gran prestigio queda patente en e1 emblema característico de la República romana: S. P. Q. R. ("Senatus PoPulusque romanus") que unifica ambos poderes supremos, el del Senado y el pueblo de Roma.

  • Las magistraturas

Las tareas administrativas de la República corrían a cargo de un cuerpo de funcionarios que integraban la magistratura. Se trataba de cargos honoríficos, es decir, no remunerados, por lo que de hecho sólo tenían acceso a ellos los miembros de las clases pudientes, que iniciaban por el escalón inferior su carrera política. La duración del cargo estaba limitada a un año. Cada cargo estaba ocupado por dos funcionarios con igual poder (colegialidad), que ejercían funciones de mutuo control.

  • Los comicios o asambleas popular

En un comienzo, estuvieron formados sólo por patricios. Votaban las leyes y elegían a los cónsules y a los demás magistrados. Existían los comicios por curia, compuestos solamente por patricios, y los comicios por centuria, en los que participaban tanto patricios como plebeyos, pero con predominio de los primeros. Esta condición de desigualdad de derechos en que los romanos mantuvieron por largos años a los plebeyos, será motivo de graves conflictos. Con el tiempo, se crearon los comicios tributos, que permitieron a los plebeyos intervenir más directamente en la cosa pública.

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La lucha por la igualdad de derechos

La plebe, junto al patriciado, debió defender a Roma de los pueblos vecinos y participar en las continuas guerras que durante los siglos IV y V a. C. sostuvo en el interior de Italia para lograr la conquista de la península. Durante todo ese tiempo, los plebeyos hubieron de integrar el ejército y abandonar sus ocupaciones, lo que los arruinaba cada vez más. Carecían de derechos y, sin embargo, tenían obligaciones militares, esto los llevó a una lucha incesante por conseguir la igualdad de derechos.

En una ocasión, al regresar de una campaña militar exitosa, los plebeyos se instalaron en el monte Sacro, negándose a continuar prestando servicio a los privilegiados, abandonando el trabajo de la tierra y afirmando que organizarían una nueva ciudad. Los romanos no pudieron aceptar esta separación y tuvieron que hacer concesiones. La plebe tendría la facultad de elegir a dos representantes, llamados tribunos, que se encargarían de defender los intereses de la clase baja; "además, los plebeyos, que habían quedado como esclavos a raíz de las deudas, lograrían la libertad".

Superado este conflicto, la plebe continuó luchando para que las desigualdades que subsistían desapareciesen. Así consiguieron la redacción de leyes comunes: tal fue la Ley de las tablas. Ella marcó el comienzo de la igualdad civil, que se vio coronada con la ley que autorizó el matrimonio entre patricios y plebeyos. En lo político, obtuvieron derecho a ocupar cargos en el gobierno; pero los patricios, para conservar su condición de predominio, crearon nuevas magistraturas a las cuales sólo ellos tenían acceso. Éstas fueron: la cuestura, encargada de la recaudación de impuestos; la pretura, para la administración de justicia; la censura, encargada del censo de la población y que podía, además, degradar a los magistrados que no desempeñaban adecuadamente sus cargos. A fines del siglo IV a. C., puede decirse que los plebeyos habían conquistado la tan ansiada igualdad civil y política.

En esa época, por lo menos uno de los cónsules era plebeyo. Las decisiones de la plebe, o plebiscitos, debían ser acatadas por todos los romanos y, finalmente, pudieron ocupar los cargos de censores, pretores y pontífices, lo que, unido a la posibilidad de incorporarse al Senado que le otorgó su acceso al consulado, dio a la plebe una igualdad completa.

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La expansión romana

  • La conquista de Italia

Mientras patricios y plebeyos luchaban en Roma por la igualdad de derechos, fuera de la ciudad debían mantenerse unidos para hacer frente a los demás pueblos que ocupaban la península. Estas guerras transformaron a Roma, pequeña ciudad del Lacio, en dueña de Italia. A través de sus conquistas, Italia pasó de la "urbe" al "orbe". Los romanos realizaron la conquista de la península a costa de los pueblos que la habitaban a lo largo de una serie de guerras muy cruentas. En ellas el campesino romano, convertido en soldado, dio muestras de su austeridad y de su sacrificio. Para lograr esa gran empresa conquistó: - el Lacio y la Campania, a mediados del siglo IV - el centro de la península. Lo lograron tras numerosas luchas contra los samnitas y sus aliados etruscos y galos. La batalla de Sentínum, del año 295 a. C., fue definitiva en ese sentido -por último, se enfrentaron con los griegos situados al sur, en la llamada Magna Grecia. La ciudad de Tarento llamó en su auxilio a Pirro, rey del Epiro. Tras vencerlo en Benevento (275 a. C.), Roma conquistó toda la Italia meridional.

  • Conquista de la cuenca occidental del Mediterráneo: las guerras púnicas

La política expansionista que Roma había iniciado, fue difícil de detener. Una vez conquistada la península, surgió el problema del dominio sobre las islas del occidente del Mediterráneo, pero encontraría aquí un poderoso enemigo: Cartago. Cartago, antigua colonia fundada por los fenicios en el norte de África, había alcanzado un gran desarrollo, creando un estado y un imperio poderoso. Cartago era dueña de las islas de Malta, Cerdeña, Córcega y las Baleares; había penetrado en Sicilia, y tenía factorías y colonias en la actual España y en el norte de Africa. Era una potencia mercantil; su gobierno era una plutocracia.

La primera guerra Púnica estalló por la Posesión de Sicilia, isla quiera el lógico camino de expansión romana. Duró veintitrés años (264-241 a. C.) . Vencidos los cartagineses, Roma se apoderó de Sicilia y más tarde de Córcega y Cerdeña. Durante la segunda guerra Púnica, el caudillo cartaginés Aníbal tomó la, ciudad de Sagunto (España), aliada de Roma (219 a. C.), pasó los Alpes y se adueñó de gran parte de Italia, donde logró las victorias de Tesino, Trebia, Trasimerio y Cannas. Aníbal estuvo a punto de conquistar la ciudad de Roma. Roma decidió, entonces, llevar la guerra a España y a África, bajo la dirección de Publio Cornelio Escipión. El joven general romano arrebató a los cartagineses sus posesiones en España (Cartagena, Cádiz) y los expulsó del país (206 a. C.). Luego Pasó a Africa, donde Aníbal había acudido a defender a Cartago. Escipión venció al caudillo cartaginés en la batalla de Zama (2002 a. C.).

En la tercera guerra Púnica, el general romano Escipión Emiliano destruyó la ciudad de Cartago (146 a. C.), sembró su campo de sal y la declaró tierra maldita. Tras la victoria, Roma sentaba su dominio en todo el occidente del Mediterráneo, es decir, norte de África, España, Sicilia, Córcega y Cerdeña.

  • Conquista de la cuenca oriental del Mediterráneo

La logró en lucha contra las monarquías helenísticas, a las que termina absorbiendo. Las victorias obtenidas por los romanos en Cinocéfalos (197 a. C.) y Pidna (168 a. C.), le concedieron Macedonia. En el año 146, se aseguraba la incorporación de Grecia. Siguieron Asia Menor y Siria (año 66 a. C.). La conquista de Egipto (31 a. C.) por Octavio, tras vencer a la reina Cleopatra en Actium, cerró el las riberas del Mediterráneo. Éste se convirtió en un mar romano, conocido como Mare Nostrum.

  • Provincias y ciudades

Las tierras que Roma iba anexando tenían una situación jurídica diferente, según el modo como habían llegado a incorporarse a la República. Generalmente, al conquistar un territorio, se establecía una colonia, la que protegía militarmente la nueva conquista y dirigía su vida política y económica. Las colonias recibían una constitución idéntica a la de la metrópoli.

Las ciudades federadas estaban formadas por pueblos libres que habían firmado un pacto de relación jurídica y una alianza con Roma. Conservaban sus derechos, aunque tenían la obligación de contribuir con tropa al ejército romano. Paulatinamente, estas ciudades llegaron a ser romanas con plenos derechos de ciudadanía. Los países conquistados pasaban a integrarse, en el Imperio Romano, con el nombre de provincias. En las provincias que exigían un ejército para mantener el orden, la administración corría a cargo de un propretor; en las pacíficas, gobernaba un procónsul. La duración del cargo era de un año. La administración de provincias se prestaba a abusos, fundamentalmente de impuestos generosos y actos arbitrados de justicia; pero no es menos cierto que Roma fue la primera metrópoli que reguló mediante un derecho internacional las relaciones entre los pueblos y que, tras la conquista, respetaba la religión, leyes y costumbres de los vencidos. Aunque, necesariamente, su superioridad cultura¡ terminaba en un proceso de romanización de los pueblos conquistados.

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La crisis de la República

  • Consecuencias de la expansión

Después de las conquistas, todo el mundo civilizado fue un mundo romano, y su centro, Roma. La influencia de los pueblos sometidos, así como las consecuencias mismas de esta gran expansión, pusieron en grave crisis a la República. El vasto territorio adquirido significó para Roma una gran afluencia de riquezas. El Estado recibía parte de los botines de guerra, junto con las indemnizaciones y tributos que se hacía pagar por los pueblos vencidos.

Las guerras produjeron, también, cambios sociales profundos. Los pequeños propietarios, a su regreso del campo de batalla, se hallaban completamente endeudados, lo que los obligaba a vender sus tierras y a abandonar el campo para instalarse en condiciones miserables en los alrededores de Roma. Constituyeron la plebe, grupo de gente sin oficio, alimentada por el Estado y que se encontraba a merced de los políticos interesados que compraban su voto a cambio de diversiones en el circo. Gran parte de las riquezas favoreció a la clase senatorial, formada por antiguas familias, dueñas de grandes extensiones de tierras. Las guerras beneficiaron también a una nueva clase que se dedicó al comercio y al préstamo de dinero. Se les llamó caballeros u orden ecuestre. Las conquistas multiplicaron también el número de esclavos; la mayor parte de ellos eran prisioneros de guerra.

El equilibrio que desde antiguo había existido en la sociedad romana, había desaparecido. Pobres y ricos constituían dos grupos antagónicos que provocaban continuos conflictos internos durante el último siglo de la República. La afluencia de riquezas hizo variar las antiguas costumbres; desarrolló en ellos el gusto por el lujo, la afición a las comidas y a las fiestas. Las casas simples dieron paso a mansiones fastuosas. La autoridad del padre frente a los hijos y a la mujer, disminuyó considerablemente. Los juegos de circo fueron las atracciones principales de la plebe; con el tiempo se fueron haciendo cada vez más sangrientos. Luchaban entre sí animales y también hombres: los gladiadores, que eran esclavos condenados a muerte o bien hombres deseosos de fama. Si un hombre caía al suelo y la muchedumbre movía el dedo pulgar hacia arriba, se salvaba; de otro modo, debía ser sacrificado. Los profundos cambios experimentados por Roma a raíz de las conquistas, produjeron un debilitamiento general de los principios en que se basaba la República. Se desencadeno una crisis moral y de autoridad, la que dio origen a un período de violentas guerras civiles, que terminarían con la organización republicana.

  • El fracaso de los hermanos Graco

El conflicto que se veía venir entre los grupos sociales, estalló con la revuelta de los hermanos Graco. Tiberio Graco, aristócrata de nacimiento, se convirtió en el jefe de los romanos más pobres (proletariado). Tiberio Graco fue elegido tribuno y propuso a la Asamblea la aprobación de una ley agraria que limitaba la cantidad de tierra que pudiese poseer cada ciudadano. El Senado atacó a Tiberio y sus seguidores, que fueron asesinados. Cayo Graco, hermano menor de Tiberio, continuó la obra iniciada por su hermano, pero, al igual que él, fue derrotado.

  • Las dictaduras militares

Fracasado el intento de los hermanos Graco, de realizar una profunda reforma agraria que remediara la situación, la crisis constitucional se manifestó en la guerra civil entre los seguidores de Mario y Sila. Hondas conmociones ensangrentarán a Roma en el siglo I a. C., como la sublevación de los esclavos dirigidos por Espartaco. La conmoción abrió el camino del gobierno a los militares. Se inició la época de los triunviratos en que, en dos ocasiones, tres hombre fuertes se hicieron cargo del poder. El primer triunvirato estuvo constituido por Julio César, Popeyo y Craso.

  • César y el poder absoluto

César, junto con Pompeyo y Craso, se alzó como representante del partido popular. El gobierno de estos tres hombres marca el comienzo del fin de la República Romana. Las fronteras del Imperio habían alcanzado una expansión desmesurada. El Senado había dado muestras evidentes de su incapacidad para gobernar un territorio tan vasto. Julio César, hombre brillante y de gran cultura, terminaría por eliminar a sus compañeros de gobierno y quedaría dueño absoluto del poder. Con él se inicia la aplicación del sistema monárquico, como la solución para gobernar al mundo romano. Su nombre, César, ha pasado a ser sinónimo de poder absoluto.

Gracias al triunvirato, Julio César fue nombrado cónsul. Como tal, marchó a la conquista de la región poblada por los galos al otro lado de los Alpes. Su habilidad como soldado y como jefe, le permitió dominar a la Galia e incorporarla al mundo romano. Mientras tanto en Roma, Pompeyo, su rival, se había puesto a la cabeza del gobierno de la República. César, que ambicionaba el poder, resolvió volver a Roma con una parte de sus legiones, a pesar de que la ley prohibía ingresara Italia sin licenciar las tropas. Se dice que César, al atravesar el río Rubicón, que marcaba la frontera de Italia, titubeó un poco, pero finalmente se decidió a hacerlo exclamando: "La suerte está echada" ("Alea jacta est"). Avanzó rápidamente hacia Roma, que fue abandonada por Pompeyo y por los senadores.

Finalmente, después de tres años de campañas en uno y otro lado del Mediterráneo y muerto Pompeyo, quedó César dueño absoluto del poder. César era un convencido de que la República debía ser reemplazada por un monarca único que, según la voluntad de los dioses, sería él mismo. El pueblo le concedió el consulado vitalicio, lo nombró censor y le concedió la facultad de nombrar a los tribunos. En los dos años en que gozó de la suma del poder, protegió a los artistas, dio franquicias a los trabajadores, reformó el calendario y levantó varios monumentos en el centro de la ciudad. Antes de partir en campaña, quiso proclamarse monarca. Muchos senadores se sintieron humillados por esta determinación y organizaron una conspiración contra su vida. El día 15 de marzo del año 44 a. C., en una sesión del Senado, fue ultimado puñaladas por constituir una grave amenaza para la República.

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El Imperio Romano

  • Octavio Augusto, emperador

Pasados los primeros momentos de la muerte de César, comenzaron a aparecer los que pretendían sucederle. Entre ellos, se destacaron las figuras de Marco Antonio y Octavio, hijo adoptivo del dictador muerto y que tenía sólo diecinueve años. Finalmente, los jefes políticos más importantes firmaron un acuerdo según el cual se formó un segundo triunvirato. Ellos fue, ron: Marco Antonio, Octavio y Lépido. Los triunviros se repartieron el Imperio. Octavio se quedó con Roma y el Occidente; Marco Antonio se hizo cargo de las provincias orientales, y Lépido obtuvo África. Octavio trató de afianzar su posición en Roma. Marco Antonio obtuvo de Lépido la provincia africana. Aquí se comenzó a identificar con las costumbres orientales, se enamoró de Cleopatra, reina de Egipto, y no tardaron en producirse rivalidades entre él y Octavio. La batalla de Accio, en el año 31 a. C., decidió la situación en favor de Octavio, quien quedó como dueño absoluto de la República. Octavio logró organizar un sistema de gobierno que teóricamente conservaba todas las instituciones de la República; pero que, al mismo tiempo, le otorgaba la totalidad del poder, necesario en aquellos momentos en que el Imperio debía hacer frente a grandes y graves problemas. No quiso hacerse nombrar dictador vitalicio; por el contrario, se presentó como el defensor de las instituciones republicanas; sólo aceptó los títulos que se concedían durante ellas a los generales victoriosos. Se le confirieron dos títulos que le darían un poder ilimitado: imperator, el más alto jefe militar , y príncipe, el primero entre todos los senadores y ciudadanos de Roma. A partir de entonces el título de "emperador" se utilizó para designar al principal y más poderoso ciudadano del Estado. Después, se dio, por extensión, el nombre de imperio a la República y de emperadores o césares a sus gobernantes.

Finalmente, a Octavio se le llamó "Augusto", que significa "venerado" y "sagrado". El año 27 a. C., mediante un acto constitucional, el Senado legalizó un nuevo sistema de poder: el Principado. Éste fue el comienzo de una nueva etapa en la historia de Roma: el lmperio.

El Principado se caracterizó por la supervivencia aparente de las instituciones republicanas y la fuerte concentración del poder en la persona del príncipe. Octavio obtuvo el poder tribunicio, por el que tenía derecho al veto y presidía el Senado y, además, el reconocimiento de su calidad de príncipe, "primero en el Senado", que le daba derecho a hacer uso de la palabra y emitir su voto en primer lugar. El año 19 a. C., el Senado le otorgó el derecho de emitir las leyes que considerase convenientes. Octavio Augusto apareció investido de tantos y tan altos poderes, que en las provincias terminó adorándoselo como a un dios.