Grecia

Espacio cultural

Origen

Civilización micénica

Época Heroica

Colonización griega

 

 
 

Espacio Físico

 

 

 

Como todos los pueblos en la antigüedad, el griego no pudo sustraerse a la influencia del medio físico en que vivió. Grecia, llamada Helade por los propios griegos, se encuentra en la extremidad sur de la península balcánica. Ubicada al sudeste del continente europeo y basada por el mar Mediterráneo, se comunica fácilmente con el Oriente. Grecia se interna en el mar con una gran cantidad de costas despedazadas en que se perfilan numerosos golfos, como el Corinto; islas, como la de Eubea y la de Delos, y penínsulas como el Atica y el Peleponeso. Al este se encuentra el mar Egeo, poblado de islas que constituían un puente hacia las regiones costeras del reino de Lidia, en Asia Menor, de manera que la comunicación con esas regiones parece haber sido fácil. Entre ellas se encuentran los archipiélagos de las Cicladas, de las Esporadas e islas como Samotracias, Lesbos, Quios, Samos, Delos, Naxos, Milo, Cos y Rodas. Cerrando el mar Egeo por el sur, se encuentra la isla de Creta. Las costas occidentales de la península balcánica están bañadas por el mar Jónico.

 

 

El Origen de los Griegos

 

Los griegos o helenos pertenecían a la gran rama de los pueblos indoeuropeos que, hacia el año 2000, comenzaron a bajar desde los fríos bosques del norte de Europa hacia el sur en busca de regiones más cálidas. Este avance se realizo en oleadas sucesivas. El primer grupo de helenos que se instalo en Grecia fueron los aqueos. Conjuntamente con ellos, otro grupo de lanzo a la conquista de Tracia y Frigia, los tracio-frigios, y ocuparon la región nororiental de los Balcanes, dando luego origen al reino de Troya. Mucho mas tarde, hacia el año 1200 a. C., otro pueblo helénico, los dorios, penetro violentamente en Grecia, destruyendo la civilización micénica que habían creado los antiguos aqueos y se instalaron en el Peloponeso en donde fundaron ciudades estados de importancia, como Esparta y Atenas. Los aqueos debieron someterse a los invasores dorios, o bien emigrar rumbo al Ática o a las islas del mar Egeo.

Los dorios olvidaron que habían llegado de otras regiones y se consideraron autóctonos, atribuyendo su origen a mitos y leyendas que dieron forma a la vida y el pensamiento en la llamada época heroica. A pesar de que esta nueva invasión helena, trae la división entre conquistadores y vencidos, ambos pueblos, aqueos y dorios, tienen un origen común. Con el tiempo las diversas tribus fueron adquiriendo características regionales y terminaron distinguiéndose tres grupos de helenos. Los jonios, mezcla de aqueos y de los jonios, pueblo de Grecia central y de las islas del Egeo, tuvieron su centro cultural en Atica y en las costas de Asia Menor frente a Grecia. Los dorios, descendientes de los invasores del 1200 a. C., se establecieron principalmente en el Peloponeso, Creta en la costa S.O. de Asia Menor, en Tesalia y Beocia. Su cultura de costumbres sobrias y rudas y su carácter militar aristocrático. Se conservo principalmente en Esparta en la región de Laconia. Los elios, eran grupos mezclados; formaban el común de los helenos que no se incluían en ninguno de los grupos anteriores.

 

Civilización Micénica

 

 

Los aqueos llegaron al Peloponeso hacia en año 1700 a. C. Allí desarrollaron una vigorosa civilización, en la comarca de Argolida. Sus construcciones, de recios muros, con seguras cámaras mortuorias, bodegas para los víveres y depósitos y canales que aseguraban el agua en caso de asedio, constituyen y definen el carácter belicoso de los pueblos aqueos. Las ruinas de Micenas y Tirinto, majestuosos castillos edificados sobre colinas inexpugnables, testimonian aun el vigor de la cultura aquea o micenica.

Las tumbas en forma de plazoletas circulares excavadas en la colina a las que se accedía por un largo corredor (tholos), cubiertas con una falsa cúpula, constituyeron los monumentos funerarios mas importantes de la antigua Grecia. Los aqueos se habrían organizado en un sistema en que los diferentes señores o reyes se unían bajo un mando único en las operaciones militares de envergadura, como ocurrió en la conquista de Troya.

Las creencias religiosas de la época son poco conocidas, sin embargo, parece que adoraron a una divinidad femenina debido a la influencia de los egeos de la isla de Creta, y a un dios de la luz que podría ser Apolo de la posterior mitología clásica.

 

La Época heroica

Hacia el año 1200 a. C., los dorios, con armas de hierro, invadieron a Grecia y arruinaron la cultura micénica. La población aquea huyó en gran parte al Asia Menor. Comenzó con ello la Edad Media griega, una larga etapa de formación que se prolonga hasta el siglo VIII, época en que se encuentra relativamente configurado el mundo griego.

  • Los poemas homéricos

La Llíada y la Odisea son dos poemas atribuidos a Homero; constituyen una de las fuentes principales del conocimiento de los griegos. Ambos poemas son un verdadero libro de Historia, pero aunque dan muy poca luz sobre los "hechos históricos" en sí mismos, o sobre la cronología de los primeros tiempos de la antigua Grecia, presentan mucha información acerca de la vida de los hombres de aquella época, de su organización familiar y política, de sus creencias religiosas y de sus valores humanos. Si bien los episodios aparecen descritos en los poemas homéricos corresponden a la época micénica, tomaron forma definitiva mucho más tarde, al ser transmitidos por l tradición oral. Las formas de vida descritas por Homero, corresponden a una época que ha sido difícil de precisar. Generalmente, se la hace comenzar hacia el siglo VIII a. C., a la que se da también el nombre de época heroica.
 
  • La polis de la época heroica

Durante la época descrita por Homero, los griegos constituyeron estados independientes o poli. Las polis eran pequeñas monarcas (valles, una isla) que tenía como centro una ciudad, eran auténticos "estados en miniatura". Cada una de las polis era económica, religiosa y políticamente independiente. Su prestigio y poder variaban de una a otra polis; a veces, algunas se unían en ligas o anfictionías en las que la polis más importante imponía su hegemonía.

Durante este período, las familias (genos) nobles y aristocráticas eran dueñas del poder político, respaldado en un fuerte dominio económico basado en la posesión de grandes propiedades de tierra y ganados. Las riquezas les permitió una gran fuerza militar; sólo los nobles podían disponer de caballo y armamento potente para ir a la guerra. Eran miembros de la ciudad, o ciudadanos, todos los habitantes libres del territorio que estuviesen vinculados a las antiguas familias que ocuparon la región, tanto por nacimiento como por acuerdo de la comunidad. Además de los ciudadanos con todos los derechos, había pobladores que tenían derechos limitados en diferentes grados, según su situación económica y militar.

Las ciudades poseían también una fortaleza o acrópolis, que era el lugar de residencia del dios de la comunidad; allí tenía su templo y se le rendía culto. Esa colina fortificada sirvió de refugió en caso de peligro.

Los reyes que gobernaban las ciudades-estado griegas, veían limitado su poder por los jefes de familia de las tribus, los cuales formaban un consejo de nobles que el rey debía consultar acerca de cualquier asunto de importancia.

Las instituciones que se fueron conformando y asesoraban al rey, fueron el Consejo de ancianos y la Asamblea del pueblo. El primero examinaba las relaciones exteriores, se pronunciaban sobre la paz y la guerra y arbitraba los conflictos privados. La Asamblea se reunía en la plaza pública o ágora. Participaban en aquella época todos los ciudadanos con derecho a voto. En general, el pueblo se limitaba a desaprobar con su silencio o a aprobar con aclamaciones lo que se proponía; prácticamente, no deliberaba; sólo se limitaba a obedecer. Con el tiempo los reyes fueron perdiendo sus atribuciones, las que pasaron a manos de los nobles, dando así origen así a regímenes aristocráticos. La autoridad se concentró entonces en el consejo de Nobles; en todas las ciudades de Grecia se establecieron gobiernos oligárquicos.

  • La religión en la época heroica

    Origen del mundo y del hombre

Es espíritu crítico de los griegos los condujo a la observación y reflexión sobre la vida, el mundo y el hombre. En un principio -según ellos- sólo existía el Caos, un gran espacio abierto, una masa carente de estructura. Tenía fuerzas intrínsecas latentes las que, al organizarse, originaron y perpetuaron la vida. La Tierra, Gea, era la condensación de esta materia; ella junto con Eros, el Amor, fueron los creadores de toda la vida. La fuerza que ordenó el Caos, dejó en la Tierra poderes generadores. Los dioses nacieron de alguna manera de esta materia informe y de la fuerza ordenadora. En ella también se engendraron las formas existentes en la superficie: vegetales, animales y el hombre mismo. La vida y sus diversas expresiones provinieron de este espíritu o fuerza. El intento de penetrar en el misterio de la existencia, hizo surgir los mitos.

La mitología

La palabra mitología procede del griego mythos, que significa fábula, y logos, estudio o tratado. Para los griegos, como para otras sociedades antiguas, la mitología era la historia de los seres superiores. Los mitos se refieren siempre a una creación: cuentan cómo nace algo, o cómo se estableció algún tipo de comportamiento, alguna forma de trabajo. Y por eso, sirvieron de modelo para el comportamiento de los hombres. A través de ellos se penetraba en el "origen" de las cosas.

El mundo de los Dioses

Así como la mujer engendra y es madre, para los griegos la Tierra, Gea, es la progenitora y la Madre Universal. La función del padre fue asumida primero por Urano, que encarnaba el cielo; después por Cronos, el tiempo, y finalmente por Zeus, consagrado como padre de los dioses y de los hombres. Los otros dioses surgieron de otros hechos y relaciones vinculados con la vida y el mundo. La religión riega, además de ser politeísta, era antropomórfica, es decir, representaba a sus dioses con forma humana. Pero los dioses no sólo tenían figura humana, sino que eran considerados al igual que los hombres, con sus mismos vicios y virtudes, aunque que los ponía por encima de ellos: la posesión de la inmortalidad y, en cierto grado, de la omnipotencia.

Los dioses no vivían apartados de los hombres ni de sus asuntos. Constantemente, se mezclaban en éstos y en las vidas de aquéllos. Y, por los hombres, los propios dioses se enemistaban e incluso luchaban entre sí.

Culto y creencias

Se les rendía culto a los dioses en los templos, numerosos y pequeños, concebidos simplemente como morada de la imagen de la divinidad. A ésta se le ofrecían regalos y sacrificios para buscar su apoyo y protección. En Grecia no existió un cuerpo sacerdotal; simples ciudadanos llevaban a cabo las ofrendas. Gran importancia tenían en la religión los oráculos, por los que se pretendía saber el porvenir. El más importante fue el de Delfos, al que se acudía para saber, a través de la famosa Pitonisa, los mensajes y deseos de los dioses. La religión griega no desarrolló moral alguna. Tampoco se planteó los problemas de la vida, del más allá y de la salvación.

Los juegos griegos eran de carácter profundamente religiosos. Los convocaban las anfictionías; se celebraban en honor a un dios. Los más famosos son, y fueron, los Juegos Olímpicos.

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La Colonización Griega

 
  • Causas de la colonización

A partir del siglo VIII, los griegos comienzan la colonización comercial del Mediterráneo. Las causas fundamentales fueron económicas y sociales. Con este proceso cobra importancia el comercio y una artesanía que lo apoya y sirve.

Mileto, Calcis, Eretria, Megara y Corinto, realizaron numerosas fundaciones en diversos puntos de Asia Menor. Conjuntamente con la búsqueda de mejores condiciones de vida, influyeron también los disturbios políticos, las frecuentes guerras y las pestes. Todas estas circunstancias impulsaron a los griegos a ensancha el limitado espacio vital que poseían en la península balcánica.

  • La colonización y su sentido religioso

Para establecer una colonia se elegían lugares cercanos a la costa, de fácil acceso, pero protegidas por montañas y con buenos puertos. La elección del lugar iba precedida de la consulta hecha Apolo en el oráculo de Delfos. Los sacerdotes que estaban a cargo del santuario, poseían, tal vez debido a los viajeros, completa información acerca de los más diversos lugares.

 

El proceso de colonización estaba íntimamente asociado con las ideas religiosas; constituía una ceremonia religiosa. Los griegos que iban a fundar una colonia, llevaban consigo tierra de Grecia y la esparcían en el lugar elegido. Llevaba también el fuego sagrado, así como las imágenes de sus dioses. De este modo, se mantenía un lazo de unión cultural de lengua y costumbres entre los colonizadores griegos, cualquiera fuese el lugar en que se instalaran.

  • Las principales colonias
 
La expansión colonizadora de los griegos se realizó principalmente en dirección a Occidente. La colonia fenicia de Cartago controlaba el Mediterráneo occidental; sin embargo, los helenos ocuparon las costas de España, Francia e Italia. En algunas regiones, los griegos se mezclaron con los grupos aborígenes; en otras, constituyeron núcleos de población cerrados, como es el caso de Magna Grecia en el sur de Italia.
 

Entre las colonias griegas en Italia figuran: Cumas, Nápoles, Sibaris, Crotona y Tarento. En la isla de Sicilia, fundaron, entre otras Naxos, Himera, Siracusa, Selinus, Gela y Agrigento; Marsella en el sur de Francia, y Emporión en la costa mediterránea española. La colonización helénica se extendió por las costas de Asia Menor y del mar Negro, donde las ciudades fundadas fueron numerosísimas. Entre ellas se pueden citar: Bizancio, Istros, Albia, Calcedonia, Trebizonda, Panticapea y Tanais.